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StMF (Se Tiraron Más Fotos)

Esta fue la temática de una boda que tuve el privilegio de cubrir en los meses en que Bad Bunny tenía su residencia en el Coliseo de Puerto Rico. Aunque se trataba de eventos completamente diferentes, su canción, junto con el significado y sentimiento que transmite, hicieron que en esta boda la cámara no tuviera descanso.


La ceremonia fue breve y concisa. No hubo extensos protocolos; se enfocó en compartir y celebrar la unión de dos familias junto a todos los presentes. Así concluyó una ceremonia que prácticamente no duró nada y realmente no fue el centro de atención. La fotografía capturó todos los momentos: los saludos, los abrazos, las sonrisas, las risas, las lágrimas, las travesuras, los bailes individuales y grupales, los cantos, los niños corriendo y una celebración eterna.


Tengo que decir que fue una de las bodas que más me disfruté por esa dinámica tan especial que se creó entre los invitados y los novios. En esta celebración, realmente no hubo estresores relacionados con cómo debían verse o comportarse los asistentes, sino que el enfoque principal se centró en asegurarse de que fuera una celebración auténtica y memorable.


La atmósfera era tan relajada y alegre que el fotógrafo, en lugar de seguir un guion rígido, se dedicó a pasear entre los grupos, buscando rostros que capturar y momentos espontáneos que contar a través de su lente. Era evidente que su objetivo no era solo tomar fotos, sino más bien narrar una historia visual de la jornada, repleta de risas, abrazos y lágrimas de felicidad. Cada vez que su cámara hacía clic, se podía sentir la esencia del amor que rodeaba a los recién casados y a todos los que estaban allí para celebrar con ellos.


Además, el momento en que se escuchó la canción "Debí Tirar Más Fotos" fue particularmente significativo. Esa melodía resonó en el aire y, de alguna manera, logró hacer reflexionar a muchas personas sobre la vida y lo que realmente es importante. La letra de la canción, con su mensaje profundo y conmovedor, invitó a los presentes a pensar en los instantes que a menudo pasan desapercibidos en la vorágine del día a día. La música se convirtió en un catalizador que unió a todos en una experiencia compartida de introspección y conexión emocional.


La combinación de la celebración, la música y la espontaneidad del fotógrafo creó un ambiente en el que todos se sintieron libres para ser ellos mismos. No había presión para posar o actuar de una manera determinada; en cambio, cada persona podía disfrutar del momento a su manera. Así, la boda no solo fue una unión de dos personas, sino también un recordatorio de la importancia de atesorar cada instante, de vivir el presente y de celebrar las relaciones que nos unen.


En definitiva, esta boda se transformó en una experiencia inolvidable, llena de alegría y reflexión, donde cada detalle contribuyó a crear memorias que perdurarán en el tiempo. Sin duda, una celebración que no solo se vivió, sino que también se sintió profundamente en el corazón de todos los que tuvieron la suerte de estar allí.



 
 
 

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